

Ing. Agr. Héctor Martí
Editorial
Editorial por Héctor Martí. Coordinador del Proyecto "Obtención de clones de batata (Ipomoea batatas L. (Lam)) de doble propósito con propiedades funcionales y adaptados a diversas zonas ecológicas argentinas". hmarti@correo.inta.gov.ar
Oportunidades para la exportación
La comercialización de batata entre países suma más de 130.000 toneladas anuales (FAO, 2009), casi la misma cifra de la producción nacional. El 60% de la importación mundial la concentran el Reino Unido (35.100 toneladas), Canadá (26.500 toneladas), y Japón (16.232 toneladas). El 67% de la exportación mundial la efectúan Estados Unidos (39.000 toneladas), China (22.000 toneladas), Israel (14.500 toneladas) e Indonesia (11.200 toneladas). Aunque creemos que contamos con las condiciones para tener una mayor presencia en la exportación, en los últimos años Argentina ha exportado entre 0 y 220 toneladas. Así también lo creen empresas extranjeras vinculadas al comercio internacional, quienes han manifestado su deseo de iniciar proyectos de producción para lograrlo. Sin embargo para que muchas empresas argentinas puedan exportar deben cumplir una serie de requisitos tecnológicos y de organización. Entre los primeros: desde los cultivares apropiados hasta las técnicas de producción, conservación y empaque. En lo organizativo, lo relativo a la necesidad de certificar por algún protocolo aceptado internacionalmente como Eurepgap; y de asociar a pequeñas empresas para reducir costos y operar en la escala apropiada.
Los cultivares más solicitados son de pulpa anaranjada, como Beauregard y Covington, aunque también se exportan de piel morada y pulpa clara. El INTA ha evaluado Beauregard en varias localidades del país con resultados satisfactorios, pero para producir batata de exportación debería cambiarse el actual sistema de lavado que utiliza un tambor giratorio. Esto produce golpes y magulladuras que son puerta de entrada de hongos que provocan la pudrición de las batatas durante el viaje. También se deberían usar cámaras con temperatura y humedad controladas para el curado y conservación hasta el momento del despacho a destino. Los aspectos organizacionales no son menos importantes. La certificación significa no solo cumplir con requerimientos de cultivo, sino también con aquellos relacionados con el bienestar de los operarios y la preservación del medio ambiente.
Ahora bien, si queremos que los beneficios de la exportación lleguen no solo a los grandes sino también a los pequeños productores, entonces hay que pensar en formas asociativas. Hay ejemplos en el mundo que muestran que este camino es posible. Antes de 2004, Honduras exportaba cantidades ínfimas y a partir de un programa de asistencia técnica y organización en el que participaron 300 productores -muchos de los cuales no la cultivaban-, se lograron exportar 825 toneladas en 2004, 1.476 en 2005, y 3.253 en 2006 a Canada, Holanda y el Reino Unido. Otro caso notable es el de la cooperativa Delta, de Nueva Zelanda, formada por 22 productores de batata que se unieron para exportar. La imagen de país “limpio y verde” y la posibilidad de producir cuando los competidores (EEUU e Israel) no pueden hacerlo, unidos a una agresiva política comercial, les permitió tener una importante presencia en el mercado inglés. Estos ejemplos demuestran que con tecnología y organización, la exportación de batata desde Argentina puede ser una realidad
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